Somos dos amigas (Montse y Pilar) que nos conocimos hace ya más de 10 años, justamente en un viaje por el desierto de Mauritania.

El año pasado decidimos ir juntas a Japón. Paseando por uno de sus maravillosos parques nacionales observamos que todo el mundo llevaba un cascabel, que hacían sonar a su paso, y un aerosol. Decidimos preguntar de qué se trataba y muy amablemente un señor que hablaba un poquito de inglés nos explicó que todo ese atuendo era para espantar a los osos que había por allí. El señor ya no nos dejó caminar solas y en el trayecto nos habló de Servas, Nos invitó a su casa para hacer la ceremonia del té con su familia y siguió contándonos su experiencia en Servas: las personas que había conocido, lo que había aprendido de ellas. A nosotras nos gustó lo que nos explicaba y casaba con nuestra manera de ver el mundo, de conocernos, de saltar fronteras y diferencias para encontrarnos de verdad.

Así que Pilar volvió a Madrid y Montse a Barcelona y nada más llegar contactamos con nuestros respectivos coordinadores para formar parte de Servas.

En septiembre del 2015 emprendimos un nuevo viaje por Chile y Argentina y, esta vez, con nuestras LOE bajo el brazo. Se iniciaba una nueva aventura, una manera diferente de viajar y, por consiguiente, de ver el mundo.

En Santiago de Chile nos recibieron dos familias. En la primera nos acogieron tres días y festejamos juntos las fiestas patrias. Nos deleitaron con toda la sabrosa gastronomía chilena y pusieron a nuestra disposición toda la cocina para podernos servir y mover a nuestro gusto. No olvidaron la tarta y las velitas para celebrar el cumple de Montse. Nos llevaron a conocer rincones hermosos de la ciudad.

En la segunda familia nos adoptaron junto con sus tres hijos y estuvimos con ellos 10 días. Compartimos su casa, su comida, sus fiestas, sus asados de los domingos, sus celebraciones familiares y hasta sus escapadas de fin de semana. Nos abrieron las puertas de su casa y nos dejaron entrar en sus vidas, adaptándonos la familia y nosotras al cambio que se produce cuando alguien nuevo entra. La generosidad fue grandiosa.

En Argentina continuamos con los asados de los domingos. Aquí estuvimos dos meses por lo que la experiencia fue variada. Dos meses dan para mucho. Encontramos también personas de Servas muy acogedoras y con algunas hemos iniciado una linda amistad.

Queremos decir también que nos parece que a menudo el encuentro precisa gran generosidad y tolerancia tanto por parte de quienes llegamos como de quienes nos reciben. Son encuentros humanos en los que no siempre es tan fácil escucharse mutuamente y aceptarse. No todo ha sido perfecto. Hemos reflexionado sobre el mundo de consumismo en el que vivimos. Porque a veces hemos dormido en dormitorios muy cargados de cosas, donde apenas cabía nuestra mochila. Es algo que hemos aprendido: cuando vengan otros amigos o amigas Servas a casa, tendremos la habitación para que duerman lo más despejada posible.

En ocasiones, nos encontrábamos con personas con las que era muy fácil congeniar. En otras ocasiones, ha sido más difícil. Personas con las que era un gran placer compartir y personas que les costaba escuchar. Como la vida misma. También hemos notado que, aunque hablábamos la misma lengua, las diferencias culturales han hecho que a veces se crearan malos entendidos. Por eso recomendamos claridad y simplicidad máxima en concretar.

Nosotras hemos alternado el estar en casa de amigos Servas con dormir en Hostels. En conjunto, ha sido una gran experiencia .Los amigos y amigas Servas han compartido sus vidas con nosotras. Con ellos y ellas hemos practicado desde chikung hasta tango queer. Nos han llevado a un estupendo ensayo de un concierto en el Teatro Colón, al teatro en el Centro Cultural Kishner, a cenar en restaurantes y escuchar música folklórica.

Una amiga nos fue a buscar al aeropuerto cuando llegamos, ¡cómo disfrutamos de que nos fuera a recibir y nos presentara su ciudad!

Estamos muy contentas de pertenecer a la gran familia Servas. Desde Santiago hasta Mendoza; desde Tilcara hasta Cafayate, pasando por Quilmes. Desde Bariloche hasta Buenos Aires, allí están nuestras amigas y amigos a quienes llevamos en el corazón. Jorge, Emilio y Virginia, Romina, Álvaro, Marcelo, Adriana, Daniela y tantas y tantos otros, con quienes apenas tuvimos tiempo de conocernos, pero que tan bien nos acogieron.

En Argentina hemos viajado en autobús muy bien. Son cómodos para las grandes distancias. Recomendamos los asientos delanteros del piso de arriba, llamados los panorámicos, desde los que se ven los magníficos paisajes. Aunque se habla de la inseguridad en Argentina, nosotras no hemos tenido ningún contratiempo o situación difícil. Las gentes han sido amables y acogedoras.